Manual del profesor EATA

CONSTRUIR LA AUTORIDAD 
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   Existe una idea universalmente difundida, según la cual vivimos una época de crisis de autoridad. Esta crisis afecta especialmente a la familia, a las instituciones políticas y, por supuesto, a la escuela. El significado que cada uno otorga al concepto de crisis de autoridad es muy diferente. Para algunos sería sinónimo de desobediencia. Son los nostálgicos que añoran el autoritarismo de décadas pasadas, cuando la democracia estaba proscripta. Para otros, en cambio, cualquier ejercicio de autoridad es sinónimo de autoritarismo. Son los que se resisten a sumir la responsabilidad que tenemos en la transmisión del patrimonio cultural y pretenden vivir en una infancia o adolescencia permanente. Entre ambos extremos, nos corresponde reconstruir un concepto y una práctica de autoridad democrática, especialmente en el vínculo pedagógico.

              Sabemos que estamos frente a un problema complejo, donde intervienen factores culturales, económicos, sociales, psicológicos y políticos. Pero reconocer la complejidad no debe paralizarnos. Tampoco debe estimular la creencia según la cual siempre el que tiene que actuar o cambiar es el otro. Hay una especificidad educativa, institucional y profesional que debemos asumir como educadores.

              Partimos de un supuesto fundamental: el acto educativo implica un acto de autoridad. Pero sabemos que la autoridad, específicamente la autoridad docente, debe ser construida a partir del propio ejercicio de nuestras actividades. Esto significa dominar los contenidos que debemos transmitir, manejar técnicas pedagógicas adecuadas a las edades y contextos en los cuales viven nuestros estudiantes, estar a la escucha de sus problemas y de la marcha del proceso de aprendizaje. La segunda constatación es que la autoridad no es solo individual sino institucional. El trabajo en equipo, la coherencia y el clima de la institución fueron siempre, pero hoy lo son más que nunca, factores fundamentales en la construcción de autoridad educativa.

           Docentes y los estudiantes saben todo esto muy bien. Cuando hablamos con ellos, escuchamos repetidamente opiniones como: “Cuando uno se hace tiempo para charlar con ellos, siempre da resultado”, “Los chicos tienen gran necesidad de contar cosas, de que alguien les preste atención”, “Esto funciona muy bien, ellos saben a que atenerse y tienen espacio para preguntar”, “Las reglas claras, si se cumplen, dan resultado”, “Los profesores son apasionados dado las clases, te hacen interesar por la materia”.

          Construir la autoridad docente supone un gran esfuerzo cognitivo y emocional. Nuestra tarea obliga a una implicación personal muy intensa. Pero también es una tarea colectiva, institucional y social. La construcción de autoridad, en definitiva, es parte de un proceso cultural más amplio y por eso es importante que actuemos juntos.

         (…) Confiamos en que a través de las conversaciones y análisis de los equipos docentes en las escuelas se puedan establecer las respuestas a este desafío, en un marco común basado en el concepto de autoridad democrática, pero adecuado a las especificidades de cada contexto social, cultural y pedagógico. 

                                                               Juan Carlos Tedesco


PARA SEGUIR LEYENDO: 

Dossier: “La autoridad docente en cuestión”. El monitor de la educación Nº20.Marzo de 2009             

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