Manual del profesor EATA

“Constructivismo y Escuela. Hacia un modelo de enseñanza-aprendizaje basado en la investigación”. Rafael Porlan (1993) 
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                El autor propone desde el título de su libro, que el docente se interrogue constantemente por el sentido y la naturaleza de su práctica (investigación) y el doctor Miguel Angel Santos Guerra(*) escribe en el prólogo que para elloes preciso que se den tres condiciones simultáneas: QUERER, SABER Y PODER.

QUERER

       El núcleo último de la decisión radica en la libertad de cada persona. Ahora bien, esa decisión florece en unas circunstancias y con unas condiciones determinadas.
        La investigación será la base de la enseñanza:

  • Si el profesor se siente un profesional de la educación y no un mero asalariado que ha llegado a la profesión contra su voluntad, presionado por la falta de trabajo o seducido por la brevedad y facilidad de la carrera.
  • Si ha sido formado de manera coherente, gratificante y eficaz para ejercer una profesión que está tan cercana a la ciencia como al arte y no ha sido bloqueada su capacidad de creación en una socialización de carácter mecánico y conservador.
  • Si tiene la convicción de que eso que está haciendo merece la pena para él mismo, para sus alumnos y para una sociedad en la que la escuela es un fermento de transformación.
  • Si se siente estimulado dentro de un contexto organizativo propicio por unos compañeros ilusionados en realizar su actividad con perfección y entusiasmo.

       ¿Por qué va a querer realizar una serie de actividades, por qué va a mantener unas actitudes, por qué va a sostener debates profesionales, si quienes no hacen nada de esto tienen el mismo sueldo, reciben menos crítica y viven aparentemente más felices? Si la concepción que tiene el profesor de su actividad responde a esquemas de carácter transmisivo, autoritario, perennialista, ¿cómo va a querer enfocar el aprendizaje como un descubrimiento apasionante? Si nunca ha entendido ni vivido la acción colegiada como un modo de compartir la aventura del aprendizaje, ¿cómo va a querer practicarla? Si los alumnos y las familias están obsesionados por los resultados y el rendimiento ¿cómo va a querer embarcarse en una aventura llena de incertidumbre?
         De cualquier modo, la voluntad del profesor es, en último término el motor decisivo que genera la acción. Con la misma formación, con el mismo contexto, con las mismas condiciones, con parecidos alumnos, a sólo veinte centímetros que separan un aula de otras, trabajan dos profesionales que realizan tareas diametralmente opuestas: uno trata de indagar cada día con los demás en la naturaleza de ese mágico proceso del aprendizaje; el otro, recita la lección suponiendo que existe nexos causales entre la enseñanza y el aprendizaje. Cuando éste no se produce (lo sabe a través de pruebas fehacientemente objetivas) achaca la responsabilidad al escaso trabajo del aprendiz, a sus pocas luces o a la mala preparación con que llega de los niveles inferiores.
       El impulso que lleva a la decisión, el motor que pone en funcionamiento y sostiene la voluntad decidida por la actitud indagadora, nace de la pasión por el aprendizaje compartido y se mantiene a través de unas condiciones favorables. La sociedad, el sistema educativo, la escuela en que se desarrolla el curriculum han de hacer con cada profesor lo que la primavera hace con los cerezos. Para que el cerezo florezca hacen falta unas condiciones ambientales que obligan a la savia a circular. No es violentando al árbol, tirando de sus ramas o simplemente podando como se produce el proceso de la floración. Aunque así lo entienden algunas reformas.

SABER

           Para practicar la indagación y el descubrimiento como base de la enseñanza, hace falta saber hacerlo. No basta, pues, con querer.

  • Saber que no se sabe. Saber que la ciencia no contiene un conocimiento dogmático, inmutable, incontestable, definitivo. Imaginemos un pequeño círculo que simbolice el conocimiento. Lo que rodea al círculo es la ignorancia. Si el círculo es de mayor tamaño, el contacto con lo que no se sabe es mayor. Si el círculo es enorme la sensación de ignorancia puede ser abrumadora. Añadamos que el contenido del conocimiento encerrado en ese círculo es también problemático y relativo. También tienen esas características los modos de construir y de transmitir el conocimiento. De la docta ignorancia de hablaba Nicolás de Cusa surge el afán por el descubrimiento, por la investigación. Las verdades absolutas, el conocimiento dogmático, la rigidez metodológica son enemigas de la investigación. El que lo sabe todo ¿por qué ha de ponerse a indagar?
  • Saber de qué tipo de investigación se trata. Cuando se habla de investigación algunos profesores piensan en la casta de los profesionales que se dedican a realizar diseños experimentales con grandes muestras, con tratamientos estadísticos cuyos resultados aparecerán luego publicados en libros y revista. Nada tienen en común con ellos, piensan. No disponen de su tiempo, ni de sus conocimientos ni de sus preocupaciones. No se trata de una investigación realizada por los propios profesionales sobre sus prácticas con el fin de comprenderlas para conseguir transformarlas y mejorarlas. Es una investigación que penetra la acción del profesor y que puede realizar con sus compañeros de trabajo.
  • Saber qué sentido tiene la investigación. Se trata de una investigación de los profesores, no sobre los profesores: de la escuela, no sólo sobre la escuela.  El sentido de esta investigación está orientado a la práctica, desde ella surge, en ella radica y sobre ella revierte.  El sentido de esta investigación tiene un carácter más ético que técnico sin que esto lleve consigo la despreocupación por los aspectos científicos de la investigación.
  • Saber cómo se hace. El profesor tiene que saber cómo se recogen las evidencias de una realidad que resulta compleja y simple a la vez, cotidiana y extraña, patente y latente, común y única, sencilla y transcendental. Debe saber qué métodos se utilizan y cómo se aplican a esa realidad que pretende reconstruir, interpretar, valorar y comprender. Debe saber cómo se trabajan los datos obtenidos y cómo se redactan de forma clara y estructurada los informes escritos provenientes de ella.
  • Saber que la investigación ha de ser compartida con los compañeros, de manera que se pueda llegar a un conocimiento comunitario de la escuela, del curriculum que se desarrolla en ella y de las estrategias que deben ponerse en marcha para mejorarla.

       El profesor que se pregunta qué sucede en su centro y en su aula, qué pasa con sus alumnos y compañeros y que empieza a buscar datos y evidencias de forma sistemática y rigurosa, está investigando. Saber hacerlo es imprescindible. Pero se aprende haciéndolo.

PODER

         El profesor que quiere y sabe, no siempre puede. De nada sirve que el profesor tenga una decisión clara y decidida si no puede mantener esas actitudes ni poner en marcha esos procedimientos. De nada sirve que el profesor sepa si no puede llevar a cabo aquello que teóricamente podría hacer en su práctica. Porque se trata de hacer las cosas de otro modo y eso exige unas condiciones de viabilidad. Y se trata también de hacer otras cosas que no se hacen.

  • Poder significa tener tiempo para investigar de forma sosegada, rigurosa y compartida. Las exigencias de tiempo no siempre se tienen en cuenta. El discurso teórico y las exigencias de la Administración caminan por unos derroteros que contradicen la forma de encarnarse en la práctica. Entender el curriculum como experimentación, concebir al profesor como un investigador exige que tenga tiempo para explorar, reflexionar, redactar, debatir, informar, etc.
  • Poder significa tener comunidades críticas capaces de planificar, actuar, indagar y cambiar colegiadamente. Los individuos aislados no pueden desarrollar una acción educativa consistente. Y es difícil que puedan mantener en un ambiente cargado de apatía y hostilidad la disposición para llevar a cabo un proceso de calidad. Sin la construcción de auténticos equipos será imposible llevar a cabo experiencias ricas y enriquecedoras.
  • Poder exige unas condiciones organizativas determinadas. Si un profesor tiene a su cargo un número de alumnos exagerado, si tienen encomendadas competencias desmesuradas, si tiene que llevar a cabo actividades que sabe hacer, es imposible que emprenda una investigación sobre su práctica aunque mantenga una actitud inquisitiva sobre su actividad.
  • Poder significa disponer de los medios y ayudas necesarios para llevar a cabo esa actividad de forma investigadora. Los medios pueden ser personales (facilitadores, colaboradores, observadores…) y materiales (filmadoras, procesadores…). Es cierto que puede haber profesores que sin ningún tipo de medios, tienen una actitud investigadora mejor que la de quien dispone de todos ellos, pero no es menos cierto que la existencia de medios favorece y hace posible y fácil la tarea.
  • Poder significa disponer de la autonomía necesaria para que realmente se pueda tomar iniciativa y reflexionar de forma eficaz. Si todo está determinado, si las prescripciones son tan minuciosas que apenas si queda espacio para la indeterminación, si los libros de texto yugulan el proceso de adaptación y creación, si la presión social es tan fuerte que no deja capacidad de maniobra al profesor, todos los intentos por convertir al profesor de aplicador en investigador serán baldíos y probablemente frustrantes.

        Los tres vértices de este triángulo conceptual tienen que cerrarse adecuadamente para hacer posible el polígono de la investigación.
        No basta querer.
        No basta saber.
     No basta poder.
     No basta querer y saber.
     No basta querer y poder.
     No basta saber y poder.
     Es necesario, simultáneamente, querer, saber y poder.

No todo está en manos del profesor. Tampoco depende todo de la Administración ni del contexto, organizativo y social de la escuela. La integración de todos estos elementos hace posible la transformación de una realidad caracterizada por la racionalidad técnica en una realidad presidida por la racionalidad práctica. El cambio no proviene de los decretos y tampoco del voluntarismo.
     La investigación da sentido a lo que se hace en la escuela y a lo que hace el profesor dentro de ella. Levantar la mirada de las cuestiones meramente técnicas y centrarla en la dimensión ética y política es una exigencia de la tarea educativa. Un caballero normando acertó a pasar por Chartres cuando comenzaban las obras de la catedral. Preguntó a uno de los obreros que era lo que estaba haciendo: “Ya veis, estoy poniendo una piedra encima de otra”. Repitió la misma pregunta a otro peón de la cuadrilla y recibió esta respuesta: “Estoy levantando una pared”. Un tercero contestó: “Estoy construyendo una catedral”. Los tres estaban haciendo lo mismo y las tres respuestas, aunque diferentes, eran correctas. El profesor que solamente repite una lección tras otra, ofrece una explicación diferente que la de aquel que sabe que está construyendo el conocimiento. Y distinta, a su vez, de la de quien sabe que está formando ciudadanos para un mundo que sea más habitable, más humano, más hermoso.”

 

 

(*) Miguel Ángel SANTOS GUERRA, español, es Doctor en Ciencias de la Educación, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga. Es también Diplomado en Psicología y en Cinematografía. Ha sido profesor en todos los niveles del sistema educativo: maestro de Primaria, profesor de Bachillerato y profesor de la Universidad Complutense y de otras universidades españolas y extranjeras. Fue Director de un centro educativo, del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. Ha escrito numerosos libros y artículos sobre organización escolar, evaluación educativa y formación del profesorado. Ha recibido numerosos premios por sus escritos y por sus trabajos de investigación. Escribe, cada sábado, en el periódico La Opinión de Málaga. Es colaborador de numerosas revistas nacionales y extranjeras y dirige varias colecciones educativas. Es padrino de tres escuelas argentinas en las provincias de Santa Fe, Mendoza y Jujuy. Ha sido declarado Huésped de Honor de varias ciudades argentinas, mejicanas.

 

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